Retrospectiva del legado del arquitecto Antonio Palacios en Madrid a través del objetivo de la cámara de Jesús M. Chamizo

Antonio Palacios (1872-1945) ha sido uno de los arquitectos más importantes de la ciudad de Madrid. En casi medio siglo de trabajo en la capital las primeras décadas del siglo XX, el arquitecto gallego dejó un legado impresionante, con obras monumentales como el Palacio de Comunicaciones, el Círculo de Bellas Artes, el Instituto Cervantes, el Casino de Madrid o la Casa Matesanz. Fue el arquitecto encargado del diseño de interiores de las primeras estaciones del Metro de Madrid, organizó los accesos y la estética de las primeras líneas y creó su popular logotipo en forma de rombo.

El legado de su obra se puede contemplar a través de las imágenes que el fotógrafo Jesús M. Chamizo hizo de sus obras, un total de 20 están expuestas en el hall y las diferentes plantas de la Casa Matesanz, en Gran Vía 27, que recientemente finalizó su restauración. Una rehabilitación integral en la que se ha dotado al edificio de nuevas instalaciones. Se ha recuperado la decoración original de las zonas comunes, restaurándose las fachadas, en la que se sustituyeron la totalidad de los vidrios, incluidos los curvos de sus magníficos miradores.

Palacios fue un gran conocedor del uso de la piedra en la construcción, en especial el granito, un sistema constructivo en el que se fundamentó todo su estilo, usando la piedra con tratamientos muy distintos. Muchas de sus obras, en las que contó con el ingeniero Joaquín Otamendi Machimbarrena -compañero de estudios- han sobrevivido al paso del tiempo gracias a las rehabilitaciones arquitectónicas que han permitido cambiar sus funciones originales y adaptarlas para albergar las sedes de organismos privados y del Estado, formando ahora una parte importante de la imagen de la ciudad de la que fue vocal de la Junta de Urbanismo durante 20 años.

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El conjunto de imágenes sobre la obra de Palacios surgió cuando el propietario del edificio Casa Matesanz encargó a Chamizo una colección de fotos del edificio para ser expuestas en su interior. Al percatarse el fotógrafo de que otros muchos edificios relevantes de la capital eran obra de Palacios, ese proyecto se transformó en homenaje a este gran arquitecto que transformó la fisonomía de Madrid en el siglo XX. “He tratado de llevar el trabajo a un terreno más íntimo, resaltando intenciones que juegan con la simetría y el equilibrio porque es lo que me ha inspirado su obra y, en gran parte, porque es lo que inspira la mía”, explica el fotógrafo. Le interesaba sobretodo el plano cerrado, más que “plasmar la grandiosidad de sus construcciones” a pesar de que en los edificios de Antonio Palacios, el fotógrafo encuentra “solemnidad sin ostentación, equilibrio en utilización y combinación de diferentes y novedosos materiales de la época o armonía y simetría perfectamente conjugadas”.

Jesús M. Chamizo ha centrado su trabajo fotográfico en detalles de los edificios de Palacios, no en los edificios en su conjunto porque “siempre intento buscar diferentes enfoques o interpretaciones a la hora de plasmar los espacios que fotografío, más allá de lo que conocemos o vemos habitualmente”. En este caso “tanto en el interior como en el exterior de la arquitectura de Palacios hay belleza, armonía y un peculiar estilo”, explica Jesús M. Chamizo que, desde que comenzó “la localización técnica, realización, posproducción etc.., hasta que se imprimieron las obras, tardé aproximadamente dos meses” en que todo el trabajo estuviera completamente terminado”.

La pasión e inquietud de Jesús M. Chamizo (Madrid, 1961) por la imagen le han llevado a desarrollarse en diferentes ámbitos, en los que trata de aunar en todos ellos, concepto, técnica y creatividad. Galardonado con varios premios internacionales (Sol, Cannes, Afp, Lux, Fiap, Epica, N. York Festival…).

Actualmente dedica gran parte de su tiempo a su trabajo más personal, en el que la arquitectura y el interiorismo juegan un importante papel. “Trato de ser respetuoso con la obra arquitectónica, enfatizando la esencia de los espacios y dejando que fluyan las imágenes”, concluye J M. Chamizo.

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